¿Y ahora qué?

Estándar

¡Oh! Pero qué difícil es seguir adelante, más cuando el camino ya había sido construido y de pronto fue destruido. «Sigue tu camino y si no lo hay, ¡constrúyelo!», me dijo la semana pasada mi abuela… en una carta que me escribió hace 25 años. Interesante cómo encontró esa carta antes de mi regreso, haberla leído cuando más lo necesito no deja lugar a dudas.

Como analogía, hasta ahora la vida me parece que funciona similar a como lo hace Bitcoin: el grado de dificultad va aumentando, pero a pesar de eso, el resultado se puede resolver. Probablemente, aunque me contradiga, uno definitivamente sí va agarrando más callo, sí sí, el grado de dificultad va aumentando, pero también nuestro temple…

A través de estos, aún, pocos años de vida, lo que he ido aprendiendo de los demás, más que ser lo que quiero ser, siempre ha sido lo que no quiero ser. ¿Les ha pasado? Pero creo que es mejor, así uno tiene opciones, opciones… Me parece que esa palabra es elemental. Cuando llegan los problemas, uno se enfrasca en la situación y se olvida de todo lo demás: en la mayoría de los casos, siempre hay opciones hacia donde movernos.

¿Y ahora qué? No importa: lo que yo quiera.

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